Espectáculo protagonizado por alumnos de la materia CCP Salud del IES Cañada de las Eras, en conmemoración del 7 de abril, Día Mundial de la Salud.
El trailer
El espectáculo
martes, 25 de abril de 2017
¿Puede la actividad física mejorar el rendimiento académico?
¿PUEDE LA ACTIVIDAD FÍSICA MEJORAR NUESTRAS NOTAS?
Que la actividad física mejora la salud cardiovascular ya lo sabemos desde hace varios años, pero ¿podría también mejorar las notas? La respuesta es sí. Es un hecho constatado, la existencia de una asociación positiva entre el nivel de actividad física y condición física (que no es lo mismo) y el rendimiento cognitivo-académico en niños y adolescentes. La actividad física es cualquier movimiento que realiza nuestro cuerpo y que requiere un gasto energético superior al basal, mientras que la condición física es la capacidad de nuestro cuerpo para hacer esta actividad física (resistencia, fuerza, flexibilidad, velocidad, equilibrio, coordinación, agilidad, etc.).
El cerebro es el gran desconocido de nuestro cuerpo. Se dice que tan solo conocemos el 20% del mismo. Investigaciones recientes en neurociencia han demostrado como el ejercicio físico produce múltiples beneficios para el rendimiento del cerebro, tales como la producción de BDNF (Brain Derived Neurotrophic Factor). Estudios previos realizados con animales en condiciones de laboratorio, en concreto con ratas, han demostrado múltiples efectos beneficiosos de la actividad física en el cerebro. Se ha demostrado como el volumen del hipocampo, considerada la zona del cerebro encargada del aprendizaje y la memoria, es mayor en aquellas ratas que practican ejercicio físico regular frente a las que llevan un estilo de vida más sedentario. Estos trabajos se han replicado también en cadáveres, diseccionando el cerebro y recientemente en personas adultas y niños sanos, mediante resonancia magnética. En estas investigaciones se ha puesto de manifiesto como las personas con mejor condición física tienen un mayor volumen del hipocampo. Posiblemente esto podría explicar el efecto positivo del ejercicio físico sobre el factor neurotrófico derivado del cerebro (BDNF), una molécula relacionada con la capacidad de crecimiento de determinadas conexiones neuronales (sinapsis) y que influye positivamente en la toma de decisiones, en el pensamiento y en el aprendizaje.
Figura 1. Cerebro diseccionado.
El ejercicio físico incrementa los niveles de esta molécula (BDNF), por tanto favorece la producción de nuevas conexiones neuronales, fenómeno que se conoce como neurogénesis, haciendo con ello que aumente la plasticidad cerebral, por tanto, el cerebro gana forma y aumenta su capacidad de aprendizaje con la actividad física. Por el contrario, cuando dejamos de hacer ejercicio, al igual que ocurre con la musculatura esquelética de nuestro cuerpo, la producción de BDNF y por tanto la plasticidad cerebral, decaen.
Además, no solo se sabe que, como en cualquier otra parte del cuerpo, mientras realizamos actividad física aumenta la capilarización y el flujo sanguíneo a nivel cerebral, aportando oxígeno y glucosa adicional al cerebro, facilitando así su óptimo funcionamiento, sino que genera una respuesta hormonal y de determinados neurotransmisores, como la noradrenalina (hormona que puede moderar la respuesta del cerebro al estrés) y la dopamina (hormona de la recompensa), que son compuestos químicos que desarrollan un papel muy importante en los procesos atencionales.
También sabemos que la actividad física favorece la liberación de endorfinas, hormonas que producen sensación de felicidad y euforia. Los estudios han demostrado que incluso pueden aliviar síntomas de una depresión.
Finalmente y para añadir más datos a esta evidencia científica, los expertos en neurología indican que la actividad física también favorece la liberación de dopamina, un neurotransmisor que regula la motivación, provocando una mayor perseverancia para conseguir una meta. Es la hormona de la recompensa, lo que nos hace volver a repetir un comportamiento. Por ejemplo cuando comemos, cuando logramos un objetivo tras correr un riesgo, cuando conseguimos una meta. Si el objetivo o meta es educativo y conseguimos generar más dopamina en nuestro cerebro a través de la actividad físico-deportiva, conseguiremos aumentar la motivación y por tanto la atención en el aula y en definitiva el rendimiento académico.
También sabemos que la actividad física favorece la liberación de endorfinas, hormonas que producen sensación de felicidad y euforia. Los estudios han demostrado que incluso pueden aliviar síntomas de una depresión.
Finalmente y para añadir más datos a esta evidencia científica, los expertos en neurología indican que la actividad física también favorece la liberación de dopamina, un neurotransmisor que regula la motivación, provocando una mayor perseverancia para conseguir una meta. Es la hormona de la recompensa, lo que nos hace volver a repetir un comportamiento. Por ejemplo cuando comemos, cuando logramos un objetivo tras correr un riesgo, cuando conseguimos una meta. Si el objetivo o meta es educativo y conseguimos generar más dopamina en nuestro cerebro a través de la actividad físico-deportiva, conseguiremos aumentar la motivación y por tanto la atención en el aula y en definitiva el rendimiento académico.
Figura 2. Comparación de la liberación de neurotransmisores entre cerebro con individuo en estático y tras 20 minutos andando.
Ya hay muchos estudios en los que se han comparado estudiantes que hacen más actividad física frente a otros que hacen menos, en las mismas condiciones medioambientales y socioeconómicas, demostrándose como aquellos que realizaban más actividad física tenían mejores niveles de condición física (por tanto menos riesgo de padecer enfermedad cardiovascular), mejores resultados en los test de inteligencia (rendimiento cognitivo) y mejores notas (rendimiento académico).
Esto convierte a la actividad físico-deportiva un factor de prevención de primer orden, una medicina natural para el buen funcionamiento de la salud tanto física y mental; y además, contribuye a la mejora del rendimiento cognitivo tal y como ha quedado demostrado con investigaciones recientes. Y es que ya lo decían nuestros antepasados de la antigua Grecia: “Mens sana in corpore sano”, expresión que apareció por primera vez en un texto del poeta latino Juvenal (siglo I d.C.) y que Pierre de Coubertin, fundador del Comité Olímpico Internacional (1890) y protagonista en la aparición de los Juegos Olímpicos Modernos (Atenas, 1896) acogió con gusto como lema del olimpismo.
Daniel Navarro Ardoy
Profesor del Departamento de Educación Física
Doctor en Ciencias de la Actividad Física y Deporte
Grupo de investigación PROFITH “PROmoting FITness and Health through Physical activity". Universidad de Granada.
Twitter: @dnardoy
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